
Esto sí me da vértigo, tanto como el no poder escuchar más tu voz, como el quedarme sentada frente a un teléfono que no sonará, el escuchar mi nombre y girarme cuando nadie lo ha dicho, cuando sólo lo ha escuchado mi mente. Tanto vértigo como el no poder ver más allá de los que son nuestros ojos, una mezcla de las dos donde una parte sería huérfana. Tanto como estar a veinticuatro grados y sentir frío. Tanto como el saber que no volvería a pagarte un café, que no escribiría más cartas. Vértigo como cuando me doy cuenta de que a mi alrededor no hay nada azul, eso me trastorna. Tanto como pensar y darme cuenta de que sigues siendo la última persona con la que quiero hablar antes de ir a dormir. Vértigo como quien no siente el suelo bajo sus pies, como quien ni siquiera se atreve a mirar a ver si hay algo más, como quien cierra los ojos creyendo que así no dará tanto miedo. Tanto miedo como aquel que siente vértigo.
Vértigo porque empiezan a faltar frenos al quererte...


