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miércoles, 29 de diciembre de 2010

Quiero...

Quiero entrar de puntillas en tu mundo, justo cuando estás distraída. Cuando estás sola, cuando no hay disfraz, cuando eres tú misma, cuando te olvidas del mundo exterior y te dedicas a profanar el tuyo, el que no compartes con nadie, quiero verte como te despojas de tu impecable ropa de cinco días y tu piel se cubre con un jersey que ya vio desaparecer su color, pero continúa siendo tu favorito, que dejes libres tus pies y te apoderes del viejo sofá, enciendas la TV y seas dueña del mando a distancia, quiero estar ahí cuando tus ojos cansados de un día complicado intenten mantenerse abiertos...

martes, 30 de noviembre de 2010

...

Tanto tiempo sin llamarte “mi vida”. Tanto tiempo sin escribirte a la cara. Esta vez sólo tú sabes que me dirijo a ti. Te escribo a toro pasado, después de la batalla, cuando dicen que todos somos generales.
Pero te juro que ha sido necesaria la distancia de un adiós y el tiempo de varios silencios para atreverme a esto. Te preguntarás por qué lo hago aquí y de esta manera.
Que qué hace toda esta gente mirándonos. Que por qué nos tienen que estar escuchando. Tranquila. No les voy a contar nada que tú no quisieras que oyesen. Sólo están a modo de testigos, no de jueces, y ni van a hablar ni a decirnos nada.
El hecho, la verdad, es que te he estado echando tanto de menos que a veces me lloro encima. Te he buscado, no ya en otros brazos, sino en otras miradas, en otras caricias que no me hicieron olvidar las nuestras. El olvido se me fue de las manos y hasta la fecha aún me ha sido imposible decirle cómo, cuándo y dónde dejarte atrás. A estas alturas ya todo es tarde. A medida que le daba puerta a tu ausencia, he ido echando paladas de otras tierras sobre esta añoranza tuya.
No me malinterpretes, no es ingratitud es supervivencia, una relación puede ser el mejor espejo, a veces cóncavo, a veces convexo, jamás plano, que enfoque y descubra partes de ti que jamás habías visto desde esa perspectiva. Nos hemos dolido hasta decir basta, nos hemos herido aún convalecientes, y nos hemos curado hasta resucitarnos casi del todo. Quien no haya fracasado como nosotros, no tiene ni puta idea de hasta donde se puede creer, querer y caer.
Pero gracias a ti he descubierto muchas cosas. Que lo bueno de la ruptura es todo lo que pone en evidencia. Para empezar, lo más obvio, que seguro podríamos haberlo hecho mejor. Dejarse es sólo el principio del principio. Del psicoanálisis, de la psicopatía, de las psicobracías.
Ahora con el deseo roto y la intuición dañada, uno intenta recobrar algún resquicio de credibilidad, primero ante uno mismo, luego ante los demás.
Por último, se puso en evidencia mi máxima favorita: que crecer es aprender a despedirse. Un proceso de aprendizaje en el que vamos ganando maestría, pues parece que cada vez nos despedimos mejor de las cosas, situaciones, y personas.
Ya solo nos queda la distancia de sabernos desde lejos.
Si crecer es aprender a despedirse, tú me has enseñado a no querer despedirme, por mucho que no lo hayamos conseguido. Igual porque no supimos ver que si separas un adiós como nos hemos separado tú y yo, de cuajo y recién empezado, lo que te queda es la esperanza idiota con forma de repetición tan absurda como a quién va dirigida, ese alguien en el que necesitas creer con todas tus fuerzas, ese alguien al que suplicas, por una vez y sin que sirva de precedente, que te haga caso, un deseo sincero dirigido a nada más y nada menos que a él"

jueves, 25 de noviembre de 2010

Dramas...


Tú esperas que yo salte con cualquier diálogo de peliculón de tercera, tipo “Si tú saltas yo salto, si tú te quemas yo ardo”, pero que va, no quiero que te compadezcas por haber encontrado una dama que folle mejor que yo o que simplemente tenga las tetas y el culo mejor puestos. Hace tiempo que dejé de esperar que alguien me sorprendiese.
Y no, para nada me creo fuerte, sé que soy una gata, y sé que me equivoco. Ya sé también que adoro la forma que tienes de hacerme daño y la mía propia…
Y por último, no te odio, ni siquiera pienso en otra persona que no seas tú, no follaría con nadie ahora mismo, no podría. Solo quería decirte que podríamos escapar de aquí como en los mejores dramas….

domingo, 21 de noviembre de 2010

Esto es un puto infierno.


Lo pasaré mal, me costará olvidarte, me maldeciré, te maldeciré, te odiaré y te querré más todavía, lloraré, te echaré de menos y te añoraré, sentiré ausencia y nostalgia y vacío sin ti, me moriré y me resucitaré muchas veces, imaginaré tus ojos llenos de vida, mis dedos se irán por inercia a tu número de móvil cientos de veces al día, cerraré los ojos sin darme cuenta y aún podré sentir tu calor y me romperá en mil pedazos, miraré tus fotos, nuestras fotos, sus fotos, y no encontraré respuestas, ni siquiera preguntas. Te pensaré constantemente, pero necesito marcharme, porque si me quedo... si me quedo será lanzar más piedras sobre mi tejado, y algún día habrá tanto peso que me arañarán más de lo que estoy ahora. Y yo no quiero que tus besos dejen cicatriz, quiero que dejen sonrisas.

martes, 12 de octubre de 2010

COBARDE.


Yo creo que lo que te pasa es que te acojona que haya alguien ahí fuera dispuesto a ayudarte, a quererte, sí, y te da miedo que de repente descubran que en realidad eres alguien a quien no merece la pena querer...

martes, 13 de julio de 2010

Ella.


Hoy quiero hablaros de ella. Apareció de la nada, de repente reventando todo mi mundo, reventándome a mí, no en el mal sentido sino todo lo contrario. Consiguió que la reina de la inestabilidad emocional se convirtiese en la reina de la estabilidad cuando ella estaba. Consiguió que sintiese como hacía tanto que no podía, por miedo o por la insensibilidad que le caracterizaba. Consiguió “mariposas” en el estómago cuando estaba cerca, consiguió vitalidad, consiguió que adorase su bipolaridad, sus celos, sus atracones de amor en cada esquina.
Ha conseguido que ame un olor, un pelo, una mirada, una boca, una sonrisa, unas manos, unas caricias, unos labios, unos besos, sus besos…
Ella.

viernes, 14 de mayo de 2010

Ausencia.


Según Elizabeth Klüber Ross, cuando alguien se va o sufrimos su ausencia, pasamos por cinco diferentes etapas de duelo: La primera es la negación, porque la pérdida es inaceptable; no podemos imaginar que sea cierto. Luego nos enfadamos con el mundo, con los demás y con nosotros mismos y después rogamos, suplicamos... ofrecemos todo lo que tenemos, ofrecemos nuestra alma y la cambiaríamos por un día más. Cuando la negación ha fallado y la rabia es demasiada para contenerla caemos en la depresión, desesperación, hasta que finalmente tenemos que aceptar que hicimos lo que pudimos y le dejamos ir. Dejamos que se marche y pasamos a la aceptación.

domingo, 4 de abril de 2010

Ni tan mal...


No lo llevo tan mal. Ya sabes siempre piensas que va a ser peor. Sobre todo el primer día, bua, hasta piensas en esa estúpida idea del suicidio, porque sabes que estás sola en esto y que nadie va a descolgar el teléfono y va a enunciar con voz dulce, ¿Sara, cómo estás? Porque todos están ocupadísimos con sus preocupaciones de mierda. Los días siguientes son menos intensos, alguna lágrima que otra se atora en el lagrimal, pero siempre puedes salir a flote. A la semana ya festeas, y filtreas con una y con otra, necesitas evadirte y despreocuparte. Y luego sólo los domingos quieres que se te trague el mundo, el lunes consigues reinventarte, una y otra vez, a pesar de que te des cuenta que no mereces tanto la pena.
Soy una inconformista, muy pocas veces consigo estar satisfecha con lo que me rodea, y eso, aunque para muchos sea un inconveniente, un vicio, para mí está siendo una virtud.

viernes, 2 de abril de 2010

Ciega devoción

Me has convertido en un monstruo. Has diseñado la careta y me has puesto en venta. Me has convertido en una cualquiera y has quemado en mis muñecas el número por el que me vendo. Has rociado con cianuro mis esperanzas y me has quitado la paz. Y aún así me quedan motivos por los que no puedo no volver a volver. Por los que tengo que amarte. Y lo siento, siento que te estes perdiendo tanta ciega devoción.

domingo, 14 de febrero de 2010

Artificial


Le gusta estar sola, le gusta reflexionar sobre su vida y las personas que la rodean, le gusta la soledad hasta el punto en que el silencio se ha convertido en su mejor amigo. Siente que nadie la entiende, que a nadie le importa, se siente tan sola, tan minúscula, tan poca cosa...pero ha terminado acostumbrándose, ya ni siquiera llora, porque se le han gastado todas las lágrimas, ahora las tiene artificiales.