
No lo llevo tan mal. Ya sabes siempre piensas que va a ser peor. Sobre todo el primer día, bua, hasta piensas en esa estúpida idea del suicidio, porque sabes que estás sola en esto y que nadie va a descolgar el teléfono y va a enunciar con voz dulce, ¿Sara, cómo estás? Porque todos están ocupadísimos con sus preocupaciones de mierda. Los días siguientes son menos intensos, alguna lágrima que otra se atora en el lagrimal, pero siempre puedes salir a flote. A la semana ya festeas, y filtreas con una y con otra, necesitas evadirte y despreocuparte. Y luego sólo los domingos quieres que se te trague el mundo, el lunes consigues reinventarte, una y otra vez, a pesar de que te des cuenta que no mereces tanto la pena.
Soy una inconformista, muy pocas veces consigo estar satisfecha con lo que me rodea, y eso, aunque para muchos sea un inconveniente, un vicio, para mí está siendo una virtud.


