Tanto tiempo sin llamarte “mi vida”. Tanto tiempo sin escribirte a la cara. Esta vez sólo tú sabes que me dirijo a ti. Te escribo a toro pasado, después de la batalla, cuando dicen que todos somos generales.
Pero te juro que ha sido necesaria la distancia de un adiós y el tiempo de varios silencios para atreverme a esto. Te preguntarás por qué lo hago aquí y de esta manera.
Que qué hace toda esta gente mirándonos. Que por qué nos tienen que estar escuchando. Tranquila. No les voy a contar nada que tú no quisieras que oyesen. Sólo están a modo de testigos, no de jueces, y ni van a hablar ni a decirnos nada.
El hecho, la verdad, es que te he estado echando tanto de menos que a veces me lloro encima. Te he buscado, no ya en otros brazos, sino en otras miradas, en otras caricias que no me hicieron olvidar las nuestras. El olvido se me fue de las manos y hasta la fecha aún me ha sido imposible decirle cómo, cuándo y dónde dejarte atrás. A estas alturas ya todo es tarde. A medida que le daba puerta a tu ausencia, he ido echando paladas de otras tierras sobre esta añoranza tuya.
No me malinterpretes, no es ingratitud es supervivencia, una relación puede ser el mejor espejo, a veces cóncavo, a veces convexo, jamás plano, que enfoque y descubra partes de ti que jamás habías visto desde esa perspectiva. Nos hemos dolido hasta decir basta, nos hemos herido aún convalecientes, y nos hemos curado hasta resucitarnos casi del todo. Quien no haya fracasado como nosotros, no tiene ni puta idea de hasta donde se puede creer, querer y caer.
Pero gracias a ti he descubierto muchas cosas. Que lo bueno de la ruptura es todo lo que pone en evidencia. Para empezar, lo más obvio, que seguro podríamos haberlo hecho mejor. Dejarse es sólo el principio del principio. Del psicoanálisis, de la psicopatía, de las psicobracías.
Ahora con el deseo roto y la intuición dañada, uno intenta recobrar algún resquicio de credibilidad, primero ante uno mismo, luego ante los demás.
Por último, se puso en evidencia mi máxima favorita: que crecer es aprender a despedirse. Un proceso de aprendizaje en el que vamos ganando maestría, pues parece que cada vez nos despedimos mejor de las cosas, situaciones, y personas.
Ya solo nos queda la distancia de sabernos desde lejos.
Si crecer es aprender a despedirse, tú me has enseñado a no querer despedirme, por mucho que no lo hayamos conseguido. Igual porque no supimos ver que si separas un adiós como nos hemos separado tú y yo, de cuajo y recién empezado, lo que te queda es la esperanza idiota con forma de repetición tan absurda como a quién va dirigida, ese alguien en el que necesitas creer con todas tus fuerzas, ese alguien al que suplicas, por una vez y sin que sirva de precedente, que te haga caso, un deseo sincero dirigido a nada más y nada menos que a él"
martes, 30 de noviembre de 2010
jueves, 25 de noviembre de 2010
Dramas...

Tú esperas que yo salte con cualquier diálogo de peliculón de tercera, tipo “Si tú saltas yo salto, si tú te quemas yo ardo”, pero que va, no quiero que te compadezcas por haber encontrado una dama que folle mejor que yo o que simplemente tenga las tetas y el culo mejor puestos. Hace tiempo que dejé de esperar que alguien me sorprendiese.
Y no, para nada me creo fuerte, sé que soy una gata, y sé que me equivoco. Ya sé también que adoro la forma que tienes de hacerme daño y la mía propia…
Y por último, no te odio, ni siquiera pienso en otra persona que no seas tú, no follaría con nadie ahora mismo, no podría. Solo quería decirte que podríamos escapar de aquí como en los mejores dramas….
domingo, 21 de noviembre de 2010
Esto es un puto infierno.

Lo pasaré mal, me costará olvidarte, me maldeciré, te maldeciré, te odiaré y te querré más todavía, lloraré, te echaré de menos y te añoraré, sentiré ausencia y nostalgia y vacío sin ti, me moriré y me resucitaré muchas veces, imaginaré tus ojos llenos de vida, mis dedos se irán por inercia a tu número de móvil cientos de veces al día, cerraré los ojos sin darme cuenta y aún podré sentir tu calor y me romperá en mil pedazos, miraré tus fotos, nuestras fotos, sus fotos, y no encontraré respuestas, ni siquiera preguntas. Te pensaré constantemente, pero necesito marcharme, porque si me quedo... si me quedo será lanzar más piedras sobre mi tejado, y algún día habrá tanto peso que me arañarán más de lo que estoy ahora. Y yo no quiero que tus besos dejen cicatriz, quiero que dejen sonrisas.
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