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miércoles, 23 de febrero de 2011

No recuerdo cómo ni por qué.

No recuerda cuándo dejó de ser una mujer (con su piel, sus músculos, sus vísceras y demás importantes) y se convirtió en un zombi. Un zombi de esos de las películas que por las noches velan y recita casi en sueños aquello de: "si me llamaras, ay amor de mí, si me llamaras", a la luz de una tenue vela en la oscuridad; y por el día duermen. Duermen o lo intentan, porque no siempre lo consiguen. Ella no quería devorar humanos, quería devorarla a ella, comerla, estrujarla, sentirla... A su niña de piernas largas, tan tierna... a la que echaba tanto de menos cuando ni siquiera se había marchado. Sentía pálpitos, a veces, y era su maltrecho corazón que pedía tregua, que confesaba crímenes, que firmaba un pacto de no-agresión con la cabeza, que gritaba que ella quería ser humana. Y así vivir una de esas cientos de miles de vidas mortales, ser protagonista de una de esas cientos de historias raras y caóticas que se ven cada día por la calle y que, aunque a veces no notemos, están. Siempre están, se huelen en el aire. Se saborean con las fresas y hacen cosquillas con las burbujas del champán. Morirá la pobre zombi finalmente cuando este cuento acabe, anhelando alimentarse de esos besos que sabe que no van a llegar nunca. Escuchará música deprimente mientras se consume... y la otra ,como nunca, como siempre, le salvará en el último momento de su cataclismo eterno, sangriento y visceral.

lunes, 21 de febrero de 2011

Qué pena.

Fuiste capaz de sacar lo peor de mí. Contigo la niña buena se volvió chica mala. Sin ti, la niña buena estuvo desesperada por no poder ser niña mala (contigo, entiéndase).
Hiciste que trazase, inconscientemente, pero con malicia, rutas de muerte en el mapa de mi propia piel, en vez de escribir poemas saltando de puntillas entre nuestra historia.
Y es que , hiciste que planease complots contra el mundo, leyes de conspiración con tal de que tú y yo estuviésemos juntas. Hiciste que ignorase que existía en el mundo alguien más que tú. Y eso era lo que más me jodía, que ni siquiera existía yo misma cuando tú estabas delante, o detrás, o al lado, siempre que te acercabas.
Y eras capaz de mirarme con los ojos del demonio, que simplemente con tu presencia me iba yo directa al infierno. Que sólo de pensar en ti, si me muerdo, me enveneno. Hiciste que creciesen sentimientos, si es que sabes lo que es esa palabra, que no estaban ni sembrados. Tus pupilas en mis huesos, mi vicio y mi autodestrucción. Hace tiempo no me arrepentía, ahora sabiendo lo que sé, ni siquiera creo que merezca la pena hacerlo o no hacerlo.
Qué pena, cuanta mentira.

miércoles, 9 de febrero de 2011

No.

Ya estoy cansada, muchísimo. Estoy rodeada de gente que actúa sin sentido, haciendo daño a troche y moche, sin pensar, excusándose en los demás, destrozándolo todo más cada minuto que pasa. Y no estoy dispuesta a tener que vivir eso con nadie más. Tampoco estoy dispuesta a seguir aguantando juegos estúpidos que piensas que no puedo entender, pero ¿sabes? Ya ni siquiera siento la necesidad de entenderlos, ya me da igual...

jueves, 3 de febrero de 2011

Gracias.

Mi amiga es una de esas princesas sin reino que corren por ahí esperando que las beses para despertarse de una pesadilla. Lo entiende todo al revés y por eso me gusta tanto. La gente piensa que lo entiende todo a derechas y que hace las cosas a izquierdas, pobres tontos que no ven más allá de sus narices.
Mi amiga es una de esas princesas que harían bien manteniéndose alejadas de los cuentos y de los príncipes u otras princesas que los habitan. No sabe que es la princesa de cuento que cualquiera besaría para que despertase de su pesadilla, pero eso es porque ella ignora que todos los cuentos son mentiras, aunque no todas las mentiras son cuentos. Las príncipes no son azules y las durmientes, aunque sean bellas, nunca despiertan de un sueño gracias a un beso de un ex – sapo. Es la mejor amiga que nunca he tenido y, si algún día me tropiezo con Destino, le daré las gracias por cruzarla en mi camino.

miércoles, 2 de febrero de 2011

Narcisismo

Y yo, no quiero porque... en esto como en todo hay varias patologías.

Sientes la dependencia cuando todo se rompe. Tanta dependencia que crees que te vas a morir, por no poder depender lo suficiente(o mejor dicho, por depender demasiado). Todo se transforma en una paranoia de esas en las que te vuelves antisocial; porque de tanta ansia por controlarlo todo, has dejado de lado lo que antes te gustaba y con lo que eras feliz, y ya no hablas con nadie y siempre estás de mal humor. Una obsesividad compulsiva te hace que quieras que todo sea perfecto(hasta aquello que es encantadoramente imperfecto), quieres que hasta el más meticuloso y pequeño detalle sea un Detalle, porque llega la hora en que sientes histriónica. Tienes que llamar su atención por todos los medios, pedirla que todo vuelva a ser como antes hasta la saciedad (hasta hacer el mayor de los ridículos) y cuando se planta y te dice: "olvídame, se ha acabado". Pum. Te das una bofetada contra el mundo.
¿Ah, sí? ¿Se ha acabado? Pues ahora te toca ser narcisista. Mírate en el espejo (no pruebes los lagos, que al pobre Narciso le costó morir ahogado) y quiérete más de lo que en su vida te va a querer ella (maldita niñata que no sabe lo que se pierde). Ríe. Ponte los cascos a tope y créete una estrella delante del espejo. Cuando el efecto de las dos cápsulas del narcisismo se te pasen con el café, ya no querrás volver a ella... quizá la odies pero de eso no pone nada en el prospecto.