Y yo, no quiero porque... en esto como en todo hay varias patologías.
Sientes la dependencia cuando todo se rompe. Tanta dependencia que crees que te vas a morir, por no poder depender lo suficiente(o mejor dicho, por depender demasiado). Todo se transforma en una paranoia de esas en las que te vuelves antisocial; porque de tanta ansia por controlarlo todo, has dejado de lado lo que antes te gustaba y con lo que eras feliz, y ya no hablas con nadie y siempre estás de mal humor. Una obsesividad compulsiva te hace que quieras que todo sea perfecto(hasta aquello que es encantadoramente imperfecto), quieres que hasta el más meticuloso y pequeño detalle sea un Detalle, porque llega la hora en que sientes histriónica. Tienes que llamar su atención por todos los medios, pedirla que todo vuelva a ser como antes hasta la saciedad (hasta hacer el mayor de los ridículos) y cuando se planta y te dice: "olvídame, se ha acabado". Pum. Te das una bofetada contra el mundo.
¿Ah, sí? ¿Se ha acabado? Pues ahora te toca ser narcisista. Mírate en el espejo (no pruebes los lagos, que al pobre Narciso le costó morir ahogado) y quiérete más de lo que en su vida te va a querer ella (maldita niñata que no sabe lo que se pierde). Ríe. Ponte los cascos a tope y créete una estrella delante del espejo. Cuando el efecto de las dos cápsulas del narcisismo se te pasen con el café, ya no querrás volver a ella... quizá la odies pero de eso no pone nada en el prospecto.
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