
Es difícil que lo entiendas. Que sepas que va más allá, de lo que creíste poder querer algún día. Es puro arte. No, no te equivoques y pienses en amor. Sentimos, y ya está. Llenamos el vacío, ese vacío existencial del que tantos han intentado hablar. Nos entregamos a cualquier sentimiento, cualquier palabra. Llegamos a ser esclavos de palabras porque perdemos totalmente el control. Pero mientras eso no nos hiera, es como si nos quemaran la piel, mientras no nos damos cuenta de que arde no nos quejamos, pues eso es igual, mientras el dolor esté apartado creemos vivir al máximo, sintiendo y demostrándolo. Es bonito cuando lo vives, y presumes de ser quién eres y de tener lo que tienes. Es bonito hasta que no llueve, y todo ese mundo de papel apenas aguanta. Porque la mayoría no tenemos ni idea de nada, vivimos respirando espejismos y defendiéndolos a muerte, como si aquello fuera completamente nuestro. Son esas apariencias las que debilitan el alma. Las que nos quiebran a trozos en su destrucción. Somos carne de tiempo, vivimos a base de sorbos de lo que vendrá o de lo que ya fue. Vivimos agotando los sorbos sin darnos cuenta de lo que más importa es estar aquí, es sentir con fuerza el sentimiento que toque esta vez, porque la ruleta no parará. Y cuando aprendamos a sentir de verdad el dolor, sin ocultarlo bajo llaves, sin escondernos de nosotros mismos, entonces será cuando el sol brille para nosotros. Lo importante es respirar ahora, no pensar en si respiraremos mañana, o cuánto desperdiciamos el aire días atrás. No podemos reparar ningún daño ni tampoco anticiparnos del todo. En cada calle hay respuestas, fíjate bien en los rincones.



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