
Sus días estaban repletos de noches. Nunca hablaba de su vida antes de que el sol se hubiera puesto. Durante los días fingía. Sus meses estaban llenos de inviernos, de los más fríos incluso. No había tiempo para que ningún héroe le rescatara de si misma. Y como quien deshojaba margaritas, deshojaba los días, de la misma manera que algún día le habían deshojado el corazón. La sangre le hervía en el cuerpo, si quería hasta podía predecir su camino. No le gustaba que la mirasen antes de que pusiera el sol. Olvidó que algún día los puntos de sus íes estaban hechos de corazones, lo olvido por completo. Se escondía detrás de una apariencia normal, o de lo que siempre creyó normal. Se limitaba a olvidar lo que nunca había vivido, a olvidar más de lo que una persona normal pudiera almacenar en sus recuerdos. Y nadie daba importancia porque era normal, hasta tocaba algún instrumento y se fumaba sus cigarrillos como todos.



Uf, vivir, para tener que recrearte en una reflejo o, mejor dicho, en una reflejo de normalidad. Es duro.
ResponderEliminarAh, y una cosa: nadie se fija en los detalles, nadie escucha una mirada y nadie observa las súplicas. O al menos, casi nadie. En esa gente es en la que se encuentra el espejo para que nos miremos.
No, no me conoces xD
Llegué hasta aquí por casualidad y quise comentar. Gran texto ^^
Mua!