Érase que se era una niña que no quería crecer, que había perdido el norte y cualquier punto cardinal.
Los días pasaban lentos…Siempre estaba triste.
Pero un día, una tarde de invierno una heroína apareció en escena haciéndole creer de nuevo en las casualidades y lo maravilloso de éstas.
Está segura de que la casualidad hizo que se encontraran, que esa heroína oyese los gritos sordos de la niña triste y corriese con un saco de sonrisas hacía ella.
La heroína es experta en escuchar historias extrañas de la niña que había perdido el norte.
No hizo falta contarle a la heroína cómo era la niña, ni el por qué de su nombre, no hizo falta contarle los olvidos, roces y disparos al corazón.
La heroína pudo haber marchado asustada, pero se quedo…
Pasaron días, noches enteras contándose historias, la chica triste dejó de sentir que había perdido el norte encontrando en su heroína de cuento su punto cardinal…
Ahora siguen contándose historias, a veces, en diapositivas de papel cuadriculado.
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