Aquella chica de los ojos marrones se convirtió en mi pero y en mi porqué. Ella era la persona que mejor sabía hacer realidad mis sueños anudando hilos rojos a mis dedos. Mis ojos buscaban los suyos para contar amaneceres. Con ella comía a escondidas. Mi cámara se hizo amiga de su sonrisa y se acostumbró a hacerle fotos para que las colgara en mi pared (o en mi cabeza). Mi virtud y mi defecto. La mejor de las formas de dar la vuelta al mundo sin movernos de una cama. Ella era un millón de sensaciones más una. Como unas sábanas fresquitas que huelen a suavizante. Como escuchar tu canción preferida en una emisora desconocida. Como un beso inesperado en el párpado izquierdo. Una canalla entre mis dientes. Ella era mi ciudad circular donde siempre, siempre, siempre, era verano. Ella fue sueño, viví con ella ahí siempre, hasta que desperté.
Ella era, es y será mi secreto. Por eso me pierdo entre las letras de su nombre.
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